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Ni nuestro peor enemigo nos hubiese destinado un final tan macabro como el que hemos vivido este 7 de marzo, en el clásico mundial de béisbol.
De saber este siniestro final, todos coincidiríamos pasar al siguiente juego, que llorar esta derrota por una «bendita» almohadilla de tercera base, que desembocó en el jonrón de Ozzie Albies, con dos en base, para uno de los finales más dolorosos de nuestro empequeñecido deporte.

El 4-3 final de Paises Bajos ante los pinoleros, fue una especie de fortuna para el rival y maldición para los nuestros, que llorarán hasta sus últimos días, junto a seis millones de fanáticos, una victoria que se escapa como el agua entre los dedos.

Fatalidades invisibles
Con el 3-1 que puso Jeter Downs con su jonrón en el octavo, era asunto de tiempo la victoria, con el aceptable trabajo de Ángel Obando, pero las fatalidades son invisibles, y nadie imaginaba que con dos outs, un batazo fildeable a tercera base, pegara en la almohadilla, convirtiéndose en un doble, dejando corredores en tercera y segunda.

Con el escenario preparado y con el grito grito de triunfo a flor de labios y piel en toda nuestra Nicaragua, Obando retó con rectazo a 95 millas a Albies, que lo depositó a 411 pies de distancia del home, en un noveno innings que pesará como una losa en la memoria colectiva pinolera.
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Las carreras de Ceddane Rifaela, Xander Bogaerst, y del jonronero de los bravos de Atlanta Albies, sentenciaron un juego en el que Erasmo Ramírez, se mostró en este juego con una brillante tarea de cinco entradas de una carrera y cinco hits.

Albies lo dijo en entrevista post partido: » pensé me darían la base, y al ver que no lo hicieron pues me preparé para ese pitcheo y ya ves lo que salió».
Que habrán varias lecturas del desafío, eso es de esperarse y todas podrían ser válidas, pero lo que no negaremos es, una de las derrotas más tristes de nuestro deporte.






