La primera mujer árbitro de béisbol en Nicaragua

Sheyla Báez cantó “strike” en un mundo de hombres

May 30, 2026 | Perfiles

* Arbitra liga campesina, departamental, Mayor A, liga menor y Primera división.

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Cuando Sheyla de Fátima Báez Castilla entra al terreno de juego, pocos imaginan la historia de sacrificio que hay detrás de cada decisión que toma detrás del plato. A sus 49 años, esta juigalpina se convirtió en la primera mujer árbitro de béisbol en Nicaragua y ha dedicado los últimos 18 años de su vida a impartir justicia en los diamantes del país.

Para Sheyla, el arbitraje ha significado mucho más que una pasión deportiva. Ha sido una herramienta para sacar adelante a sus dos hijos como madre soltera, complementando los ingresos de su trabajo como guarda de seguridad en el Hospital Camilo Ortega, donde labora desde hace 19 años.

“Esto es de mucho sacrificio, estudio, asoleadas y recibís verbos de todos lados, pero esta entrada significó mucho para mis hijos. Además, amo el béisbol, es algo que me gusta”, expresa con orgullo.

Durante casi dos décadas ha combinado dos oficios tradicionalmente ocupados por hombres: la vigilancia y el arbitraje. Los fines de semana se transforma en autoridad dentro del terreno de juego, mientras que entre semana cumple sus labores de seguridad. Gracias a ese esfuerzo logró apoyar los estudios de sus hijos, un varón de 27 años que culminó una carrera universitaria y una hija de 26 años.

Su amor por el béisbol nació mucho antes de convertirse en árbitro. Proviene de una familia profundamente ligada a este deporte. Su padre, Arlen Báez, y su tío Julián Báez fueron reconocidos peloteros de las ligas campesinas y departamentales de Chontales. Desde niña acompañaba a su abuela María a vender comida en el estadio Carlos Guerra Colindres cuando aún era un campo abierto.

Aquellas visitas despertaron una pasión que años después la llevaría a convertirse en pionera.

Del polvo de la tercera base al desafío del home plate

Su maestro fue el árbitro Valentín Hurtado, quien le enseñó los fundamentos teóricos y prácticos del arbitraje.

“Los primeros partidos los arbitré sin ganar ni un peso. Empecé en tercera base, era duro. La asoleada y tomar las riendas del juego. Tenés que tener mucha memoria para llevar cuentas del pitcher, del bateador y de las posibles jugadas controversiales”, recuerda.

Con el paso de los años fue ganando experiencia hasta llegar a la posición más exigente del arbitraje: el home plate. Allí acumula una década completa tomando decisiones en una de las zonas de mayor presión dentro del béisbol.

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“Desarrollás mucha paciencia y tolerancia. Cuando un partido termina sin incidencias digo: bendito sea Dios”, comenta entre sonrisas.

A lo largo de su trayectoria ha arbitrado en ligas campesinas, departamentales, Mayor A, ligas menores, recreativas y Primera División.

“Arbitramos en potreros y en estadios”, afirma Sheyla, quien está afiliada a la Hermandad de Nindirí, Masaya.

Una de las dos mujeres con autoridad en el diamante

En Nicaragua hay 200 árbitros, de estos 198 varones y dos mujeres, detalló Feniba. Sheyla es la primera árbitro y la única de las dos que juzga en home plate.

Lejos de intimidarse por estar en un ambiente dominado por hombres, se ha ganado el respeto de jugadores, entrenadores y colegas gracias a su preparación y desempeño.

“Mis compañeros me han apoyado mucho, me corrigen cuando es necesario y me respetan bastante como mujer árbitro”, señala.

Ese esfuerzo tuvo una recompensa reciente cuando participó en una capacitación nacional organizada por la Federación Nicaragüense de Béisbol Aficionado (Feniba). Entre cerca de 200 árbitros obtuvo la calificación más alta y recibió un diploma de reconocimiento.

“Fui la mejor entre 200 compañeros, no me lo creía, me sentí muy feliz”, recuerda emocionada.

El sacrificio detrás de cada juego

Para cumplir con ambas responsabilidades laborales, Sheyla muchas veces cambia turnos, los intercambia con compañeros o incluso los paga de su bolsillo. Cuando arbitra fuera de Chontales suele viajar de madrugada para llegar a tiempo a su trabajo en el hospital.

“Gracias a Dios tengo un buen jefe y buenos compañeros que me ayudan con los cambios, pero desde donde esté salgo para Chontales a realizar mi turno”, explica.

Esa disciplina y compromiso son los mismos que aplica dentro del terreno de juego, donde no duda en sancionar o expulsar a un jugador cuando las reglas lo exigen.

“Uno debe seguir estrictamente las reglas. Ellos tienen que hacer bien su juego”, afirma.

Hoy, después de 18 años de carrera, Sheyla Báez sigue demostrando que el arbitraje no tiene género. Su historia es la de una mujer que desafió estereotipos, se abrió paso en un escenario tradicionalmente masculino y convirtió su amor por el béisbol en una oportunidad para construir el futuro de sus hijos.

Cada vez que canta un strike detrás del home plate, también reafirma una victoria personal que comenzó mucho antes del primer lanzamiento.

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